Bodegas en Alfaro: la puerta de entrada a Rioja Oriental
Alfaro alberga el templo más grande de La Rioja y presume de tener la mayor colonia urbana de cigüeñas de Europa. A ello se suman una naturaleza privilegiada, representada en los Sotos del Ebro, y su pasado como la ciudad romana de Graccurris. Historia, paisaje, patrimonio y buena gastronomía… ¿qué le falta a Alfaro? Desde luego, no el vino. Esta localidad del extremo oriental de la DOCa Rioja cuenta con una larga tradición vitivinícola. Pero a la hora de hacer enoturismo surge siempre la misma pregunta: ¿qué bodegas visitar? Aquí tienes tres propuestas de bodegas en Alfaro para descubrir de primera mano las particularidades de la puerta de entrada a Rioja Oriental.

La Rioja Oriental es la subzona más cálida y soleada de la denominación. Aquí el clima mediterráneo, con menos lluvias y más horas de sol, marca la diferencia respecto a Rioja Alta y Alavesa. Los suelos sedimentarios del valle del Ebro se combinan con terrazas pedregosas y laderas en la Sierra de Yerga, lo que permite vinos de gran madurez y potencia. No es casualidad que las variedades Garnacha y Graciano encuentren en Alfaro un lugar ideal para crecer. De ellas nacen tintos con cuerpo, aromas intensos a fruta y mucho carácter, a los que se suman blancos y rosados cada vez más valorados. En definitiva, vinos con una personalidad muy distinta al resto de Rioja.
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Pinceladas de la historia del vino de Alfaro
La relación de Alfaro con el vino viene de lejos. Ya en época romana, cuando aquí se levantaba la ciudad de Graccurris, se cultivaban viñas en las fértiles vegas del Ebro. Se han encontrado restos arqueológicos que demuestran que hace dos mil años el vino ya circulaba por estas tierras, igual que lo hacía el grano o el aceite.

Parte de la exposición de la Sala Museológica Graccurris en el Palacio Abacial
Durante la Edad Media y la Edad Moderna, el viñedo fue parte del día a día. Se dice que en muchas casas del casco viejo había un pequeño lagar en la bodega, y no faltaba el pellejo de vino en la mesa. El propio Palacio Abacial, diseñado en el s. XVIII por Ventura Rodríguez, incluyó amplias bodegas para guardar los diezmos que los agricultores entregaban en forma de vino. Imaginar el amplio sótano, reconvertido en la Sala Museológica Graccurris, lleno de cubas y toneles te hace darte cuenta de la importancia que tuvo la vid en la economía local.
Con la llegada del ferrocarril en 1863, el vino de Alfaro se volvió viajero. Las botellas y los barriles salían en tren hacia Zaragoza, Bilbao o Madrid, y poco a poco la ciudad se consolidó como un centro productor. En el s. XX, la cooperativa de Alfaro llegó agrupar a cientos de viticultores que aportaban sus uvas y compartían instalaciones.

Esa herencia sigue viva: muchas familias conservan las viñas de sus abuelos y las bodegas actuales combinan tradición e innovación. No es casual que todavía se cante en la ribera del Ebro:
Bajé de Corella a Alfaro
y me perdí en el camino,
la culpa no tuve yo,
la culpa la tuvo el vino.
Bodegas que visitar en Alfaro
La teoría está muy bien, pero nada como probar el vino allí donde nace. Hay muchas Bodegas en Alfaro que realizan visitas guiadas y nosotros fuimos a tres muy distintas entre sí, que reflejan perfectamente la diversidad de esta zona de Rioja Oriental. Cada una tiene su propio carácter: una recupera un espacio industrial histórico, otra conserva el alma de una saga familiar y la tercera sorprende con un guiño al mundo de la aviación. Todas, sin embargo, comparten la misma idea: mostrar cómo el vino forma parte de la identidad de la ciudad y cómo el enoturismo permite vivirlo de cerca.
Campoameno, reconversión del pasado
Sólo por ocupar parte de las antiguas instalaciones de la azucarera de Alfaro ya merece una visita. Al levantar el complejo se halló la Lauda Sepulcral de Ursicinus (s. IV), hoy en el Museo Arqueológico Nacional. Antes llegaban vagones cargados de remolacha; hoy se respira vino. La bodega ha sabido conservar esa memoria, y la torre de la vieja chimenea sigue siendo testigo de la transformación de lo industrial a lo enológico.

Campoameno pertenece a un grupo familiar con raíces en Jaén que dio el salto a La Rioja para apostar por Alfaro. Aquí se elaboran vinos con las variedades clásicas de la denominación —Tempranillo, Garnacha, Graciano y Viura. Entre depósitos y barricas descubrirás cómo han mantenido la esencia de un espacio tan distinto al vitivinícola. Por eso, Campoameno no es solo vino: es historia reciente de Alfaro y un buen ejemplo de reinvención. Sus vinos, además, son viajeros: una corresponsal de TVE llegó a encontrar una de sus botellas… ¡en Corea del Norte!
Visitas guiadas a Bodegas Campoameno
Las visitas a Campoameno se realizan siempre con reserva previa a través de su web. El recorrido dura unas dos horas y combina la historia del lugar con la experiencia enológica. Comienza en el exterior, con una explicación sobre las viñas y los antiguos edificios de la azucarera y continúa entre depósitos y barricas donde hoy se elabora el vino.

La experiencia finaliza con una cata comentada de varias referencias, acompañada de un pequeño aperitivo. El precio oscila entre 15 y 20 € por persona, según la opción elegida. Un plan perfecto para combinar con un paseo por los cercanos Sotos del Ebro, ya que la bodega está a solo unos minutos de esta reserva natural.
Bodegas Ilurce, tradición centenaria
Ilurce es sinónimo de tradición familiar. Cinco generaciones de la familia Escudero han trabajado la viña desde 1918, y ese apego a la tierra se nota en cada rincón de la bodega. Originarios de Grávalos, a los pies del Monte Yerga, cuando decidieron dar el salto de graneleros a embotellar su propio vino incluyeron el perfil montañoso en sus etiquetas. El nombre también tiene raíces históricas: Ilurce procede de Ilurcis, la ciudad celtíbera sobre la que los romanos fundaron Graccurris, un guiño al pasado y al arraigo local.

Lo más especial de Ilurce es que no depende de uvas compradas a terceros: cuentan con viñedo propio, con parcelas de garnacha y graciano que se extienden desde la ribera del Ebro hasta las laderas de la Sierra de Yerga. Cepas que se convierten en rosados frescos, tintos con carácter y vinos de autor como Ángel o El Sueño de Amado, homenaje a los abuelos de la familia. Además, Ilurce es la bodega de DOCa Rioja que más elabora con la variedad Graciano. Incluso tienen un monovarietal de Graciano. Una rareza llamada Sintauto, como se llama en Alfaro a las personas insensatas… o «sin fundamento» como diría mi madre.
Visita guiada a Bodegas Ilurce
La visita tiene un encanto especial porque suele guiarla alguno de los tres hermanos que hoy llevan el proyecto. Ellos mismos comparten anécdotas familiares, enseñan las salas donde fermentan y crían el vino y explican por qué cada etiqueta cuenta una historia. La experiencia finaliza con una cata de varias referencias (entre 15 y 18 € según la opción elegida), siempre acompañada de un aperitivo.

Un detalle que la hace diferente es que en Ilurce también organizan visitas en época de floración de la vid (abril-mayo), un espectáculo único y difícil de ver en otras bodegas. Sus modernas instalaciones, inauguradas en 2010 tras empezar a exportar a Estados Unidos, quizá no tengan el encanto rústico de la antigua bodega familiar, pero sí ofrecen comodidad y cercanía. Si buscas sentir la Rioja Oriental más genuina, Ilurce es parada obligada: aquí entendimos por qué sus rosados de garnacha son tan reconocidos y por qué cada botella parece tener detrás una historia personal.
Heraclio Alfaro, vinos de altos vuelos
Hay bodegas que sorprenden por su ubicación, como esta que ocupa tres hangares de un antiguo aeródromo donde, en lugar de despegar avionetas, hoy reposan barricas. Muy apropiado, porque el vitoriano Heraclio Alfaro Fournier —nieto del famoso fabricante de naipes— fue un pionero de la aviación que a principios del s. XX diseñó el Alfaro I, uno de los primeros aviones 100% españoles.

Desde 2018 forma parte del grupo gallego Terras Gauda, lo que le ha dado un nuevo impulso. Sin perder la conexión con la historia local, han modernizado las instalaciones y apuestan por unir tradición y vanguardia. En su finca de El Estarijo cultivan variedades autóctonas como tempranillo, graciano o garnacha, junto a amplias plantaciones de frutales y olivos, de los que obtienen uno de los mejores aceites riojanos.
Visita guiada a Heraclio Alfaro
La visita tiene un aire distinto: empieza en los viñedos, sigue en las salas donde la uva se transforma por gravedad —sin necesidad de bombas— y culmina en la nave de barricas. El guiño a la aviación está presente en todo momento, incluso con la réplica en acero de la avioneta de Heraclio Alfaro.
El broche llega en la sala de catas, donde se prueban varios de sus tintos acompañados de un aperitivo. La reserva cuesta unos 15 € por persona y conviene hacerla con al menos 48 horas de antelación. Es una experiencia ideal para quienes buscan vinos con carácter en un entorno singular, donde la historia del vuelo y la del vino se encuentran en un mismo lugar. Y sí, confieso que me enamoré de sus cajas de madera estilo vintage… aunque, con las prisas, me quedé sin llevarme una.

Bodegas en la Calle: la gran fiesta del vino en Alfaro
Si hay un día en el que Alfaro respira vino por cada esquina, ese es el de Bodegas en la Calle. Una cita imprescindible del verano riojano desde hace más de una década. El primer sábado de agosto, durante una tarde, el Parque de La Florida se transforma en un gran escenario al aire libre. Las bodegas en Alfaro instalan sus puestos con vinos de Rioja Oriental y los restaurantes del municipio hacen lo propio con pinchos y tapas.
El sistema es sencillo: con 3 € te llevas una copa serigrafiada con portacopas, y con 5 € un ticket para cinco vinos. Los pinchos se pagan en los puestos de los bares y restaurantes. Además, hay música en directo en el escenario central hasta bien entrada la noche, lo que convierte la cita en una auténtica fiesta popular.

Y no, no es solo para adultos. También hay un servicio de ludoteca infantil, que se reserva online o en los tótems turísticos. El ambiente es desenfadado, familiar y festivo, con el vino como protagonista y la identidad de Alfaro latiendo en cada brindis.
En Alfaro, el vino y sus bodegas forman parte del paisaje, la historia y la vida cotidiana. Desde las viñas que trepan hacia la Sierra de Yerga hasta las bodegas que reinventan espacios industriales o mantienen vivas tradiciones familiares, cada visita demuestra que Rioja Oriental tiene un carácter propio. Y si tienes la suerte de coincidir en agosto con Bodegas en la Calle, la fiesta lo resume todo: vino, gastronomía, música y convivencia en el corazón de la ciudad. Una celebración que demuestra que Alfaro es, de verdad, la puerta de entrada a Rioja Oriental. ¡Hasta pronto!

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