Pinceladas de historia de Oporto: de Portus Cale a Ciudad Invicta
Oporto no solo se vive entre azulejos azules, rabelos en el Duero o copas de vino en Gaia. También late en sus historias, muchas veces escondidas, que explican por qué se la llama la Ciudad Invicta. Y a modo de entremés, para que puedas disfrutarla entre vino y vino, te dejamos unas pinceladas de la historia de Oporto. Ligeras, curiosas, y algunas legendarias, que te llevarán de Portus Cale, origen del nombre de Portugal hasta la ciudad actual. ¿Nos acompañas?

Al igual que Lisboa presume de Ulises como fundador mítico, Oporto también se guarda su propia leyenda. Se habla de Cale, uno de los argonautas de Jasón, como creador de un asentamiento en la orille izquierda del río Duero. Este «puerto de los Argonautas» bien pudo ser cierto, pues aunque los romanos hallaron un asentamiento celta llamado Cale, hay quien dice que este tenía origen griego y que su nombre provenía del vocablo καλός, que significa bello.

Contenidos del post
- 1 Oporto en tiempos romanos y suevos
- 2 La ciudad medieval y el nacimiento de Portugal
- 3 Historia de Oporto en la Edad Moderna y la Unión Ibérica
- 4 Las guerras liberales y la Ciudad Invicta
- 5 Historia de Oporto contemporánea: De la industrialización a la actualidad
- 6 Leyendas y curiosidades de la historia de Oporto
- 7 Artículos relacionados
- 8 Organiza tu visita a Oporto
Oporto en tiempos romanos y suevos
Cale era un enclave perfecto para el imperio romano: un río navegable, tierras fértiles y salida al Atlántico. Por eso, reforzaron el asentamiento con un Portus en el margen opuesto de la desembocadura del Duero. Su situación entre Braga y Lisboa la hizo prosperar como punto de comercio y paso estratégico. Ya en el s. V fue ocupada por los suevos, uno de los pueblos germánicos que se instalaron en la Península. Aun así, mantuvo su importancia como nudo de comunicaciones, escribiendo las primeras paginas de su larga historia urbana.
La ciudad medieval y el nacimiento de Portugal
La historia de Oporto dio un giro en el s. VIII, cuando fue ocupada por los árabes. Su reconquista llegó pronto, en el s. IX, de la mano del gallego Vimara Pérez, nombrado después gobernador del Condado Portucalense y fundador de Vimaranis, la actual Guimarães.

Estatua de Vimara Pérez en Oporto, cerca de la Catedral
En el s. XII, el obispo de Oporto cedió sus terrenos al conde Enrique de Borgoña. Su hijo, Alfonso Henriques, venció en la Batalla de San Mamede (1128) al noble gallego Fernando Pérez de Traba y logró la independencia del condado. Años más tarde sería reconocido como Alfonso I, primer rey de Portugal, con Oporto como pieza esencial en el nuevo reino.
El puerto creció como centro de artesanos y mercados, y la ciudad ganó fama de activa y emprendedora. Fue también entonces cuando se consolidó la relación con el vino: los documentos medievales ya mencionan viñedos en las colinas del Duero. Ya en el s. XIV nacería en Oporto Enrique el Navegante, clave de los descubrimientos que situaron a Portugal a la cabeza del comercio marítimo y convirtieron a la ciudad en un referente de la construcción naval.

Estatua de Enrique el Navegante en Oporto
Historia de Oporto en la Edad Moderna y la Unión Ibérica
Durante siglos, Castilla y Aragón intentaron reincorporar Portugal mediante guerras y alianzas matrimoniales. Sin embargo, el equilibrio de fuerzas en Europa —con franceses e ingleses interesados en mantener a Portugal independiente— lo hizo imposible. La excepción llegó en la Unión Ibérica (1580–1640), cuando Felipe II reclamó el trono tras la muerte sin herederos de Sebastián I. La independencia se recuperó en 1640 con la llegada de la dinastía de Braganza.
El s. XVIII fue la época dorada de Oporto. La ciudad se llenó de elegantes edificios barrocos y neoclásicos, impulsados por el auge de la industria vinícola. Las guerras entre Inglaterra y Francia provocaron escasez de vino de Burdeos en las islas británicas, y los comerciantes ingleses se volcaron en los caldos de su aliado portugués. Para resistir mejor el transporte marítimo, se les añadía aguardiente, naciendo así el internacionalmente famoso vino de Oporto.

Los rabelos son barcos tradicionales de Oporto que eran utilizados tradicionalmente para transportar las barricas de vino de Oporto
Las guerras liberales y la Ciudad Invicta
En el s. XIX, Oporto se convirtió en una ciudad liberal y progresista, cuna de poetas, escultores y pensadores que impulsaron el fin del absolutismo. De aquí surgió la Carta Constitucional, un hito en la historia de Oporto y del país que consolidaba nuevas libertades. Sin embargo, cuando Miguel I abolió la Constitución e impuso de nuevo el absolutismo, estalló la guerra civil portuguesa.
Durante dieciocho meses, Oporto resistió un duro asedio en defensa del bando liberal. La valentía y los sacrificios de sus habitantes fueron tales que la ciudad ganó para siempre el apodo de “Cidade Invicta”. Como curiosidad, aún hoy el título se muestra con orgullo en el escudo municipal, recordando aquella resistencia que marcó su identidad.

Ilustración de la ciudad de Oporto en el s. XIX
Historia de Oporto contemporánea: De la industrialización a la actualidad
Tras las guerras liberales, Oporto vivió una rápida industrialización que la consolidó como ciudad obrera y comercial. El puerto del Duero y su tradición vinícola atrajeron a mercaderes británicos, franceses y alemanes, reforzando su carácter cosmopolita. Durante el s. XX, la ciudad mantuvo un espíritu rebelde y combativo: en 1891 fue escenario de la primera sublevación republicana en Portugal, y en 1974 participó activamente en la Revolución de los Claveles, que puso fin a la dictadura salazarista.
Hoy, Oporto combina su pasado industrial con una creciente vocación cultural y turística. La rehabilitación del centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1996, impulsó un renacer urbano en el que conviven bodegas centenarias, arquitectura barroca, azulejos modernistas y espacios de vanguardia como la Casa da Música. Una ciudad orgullosa de su título de Invicta, pero abierta a un futuro global donde tradición y modernidad caminan de la mano.

Leyendas y curiosidades de la historia de Oporto
Tantos siglos de historia no están exentos de anécdotas y leyendas que siguen vivas en las calles de Oporto. Se dice, por ejemplo, que en la estación de São Bento aún ronda el espíritu de una monja, pues el edificio se levantó sobre un antiguo convento. También el Puente Dom Luís I tiene sus fantasmas: la tradición asegura que el alma de un obrero muerto en su construcción aparece en las noches de niebla. Aunque más allá de fantasmas, lo cierto es que el descontento popular durante la inauguración hizo que se retirase el «Dom» de su nombre.
Otro relato popular habla del arquitecto Nicolau Nasoni, autor de la Torre de los Clérigos, que habría grabado su corazón roto en los muros del templo tras un desengaño amoroso. Yo por más que lo busqué, no logré encontrarlo. Tampoco faltan curiosidades modernas en la historia de Oporto, como que en la Rua de Santa Catarina abrió la primera tienda de Zara fuera de España.
Los «tripeiros» de Oporto
En Oporto se come muy bien y en cantidad, y quizás creas que ese es el origen del apodo de los portuenses. Pues no, porque se come bien y en cantidad como en casi todo Portugal. Este sobrenombre se lo ganaron en el s. XV, cuando un joven Enrique el Navegante marchó para conquistar Ceuta, por aquel entonces en manos bereberes.

Panel de azulejos en la estación de ferrocarril de S. Bento en Oporto mostrando a Enrique el Navegante conquistando Ceuta
cuando partió la expedición a Ceuta, los portuenses entregaron toda la carne disponible para alimentar a la armada, quedándose solo con las tripas. Con ellas prepararon un guiso contundente que aún hoy es uno de los platos más tradicionales de la ciudad: las tripas à moda do Porto. Desde entonces, con orgullo y humor, a los ciudadanos se les llama tripeiros.
Estas pinceladas son solo un aperitivo de la larga historia de Oporto. Leyendas, héroes, comerciantes y marineros han forjado una ciudad orgullosa de su pasado y siempre abierta al futuro. Aunque económicamente hablando está a la zaga de Lisboa, todavía es cierto el antiguo dicho portugués: Oporto trabaja, Braga reza, Coimbra estudia y Lisboa se divierte. Ahora que ya conoces un poco más de su alma, toca recorrerla y descubrirla en primera persona. ¡Hasta pronto!

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