Qué ver en Beira Interior: pueblos, vinos y patrimonio
Entre la Serra da Estrela y la frontera con España se extiende Beira Interior, una tierra de montañas, viñedos de altura y Aldeas Históricas protegidas por antiguas murallas y fortalezas. Desde ciudades como Guarda y Castelo Branco hasta villas medievales como Marialva, Trancoso, Belmonte o Monsanto, aquí te esperan ruinas romanas, castillos de frontera, comunidades judías ocultas durante siglos, una naturaleza espectacular y pueblos detenidos en el tiempo. Todo eso y mucho más encontrarás en este rincón del Centro de Portugal, famoso también por sus vinos y su gastronomía, dos de los grandes pilares del proyecto Beira Interior Wine Villages. ¿Nos acompañas a recorrerlo?

Porque seguro que te estás preguntando si Beira Interior es realmente tan fascinante. Pues solo te diremos una cosa: ya hemos viajado tres veces por esta región de Portugal y en cada visita hemos encontrado nuevos motivos para volver. Mucho menos masificada que el Algarve o el Alentejo, todavía conserva ese encanto y aroma portugués que tanto nos gusta. Cultura, naturaleza, patrimonio y gastronomía se combinan en un destino ideal para recorrer sin prisas. Y, además, aquí se encuentran algunos de los pueblos más bonitos del Centro de Portugal 😍.
Qué ver en Beira Interior, pueblos, vino y patrimonio
En portugués, beira significa literalmente borde o frontera. Históricamente se hablaba de las Beiras para referirse a Beira Litoral, Beira Alta y Beira Baixa. Las dos últimas suelen agruparse, a grandes rasgos, bajo la denominación de Beira Interior.

La localidad de Trancoso, en Beira Interior Norte, o Beira Alta
Dónde está Beira Interior
Igual te pasa como a nosotros y te lías con la organización territorial de Portugal. Por eso, te damos unas pinceladas para que no te resulte confuso situar Beira Interior. Esta región histórica ocupa buena parte del interior de la Región Centro, a grandes rasgos entre Trás-os-Montes y el Alentejo, junto a la frontera con España. Aunque desapareció como división administrativa en el s. XIX, su nombre sigue identificando un amplio territorio cultural y geográfico. Por eso, no debes pensar en límites cerrados, ya que sus divisiones históricas, turísticas, administrativas y vitivinícolas no coinciden exactamente.
Beira Interior Wine Villages
Beira Interior Wine Villages es un proyecto turístico que propone descubrir la región a través de sus pueblos, su patrimonio y sus vinos. No se limita a visitar una bodega tras otra, sino que, al igual que las Rutas del Vino de España, reúne municipios, restaurantes, alojamientos, productores y experiencias para mostrar todo lo que ofrece este territorio del interior portugués. Las poblaciones tienen un papel protagonista, mientras que el vino actúa como hilo conductor entre ellas y acompaña una forma de viajar más pausada y cercana al territorio.
La sede del proyecto se encuentra en el Solar do Vinho da Beira Interior, en Guarda. Allí también tiene su sede la Comissão Vitivinícola Regional da Beira Interior, equivalente a nuestros Consejos Reguladores. Además de proporcionar información sobre el territorio y sus recursos, permite reservar visitas y catas, e incluso adquirir cualquier referencia de la DO Beira Interior al mismo precio que en las bodegas.

Las Aldeias Históricas de Portugal
Doce localidades forman parte de las Aldeias Históricas de Portugal, una red que reúne algunos de los pueblos con más historia, patrimonio y encanto del país vecino. Castillos de frontera, murallas, calles empedradas y antiguas tradiciones te esperan en unas poblaciones que parecen detenidas en el tiempo.
Muchas se encuentran en Beira Interior y varias forman parte también de Wine Villages. Durante nuestros viajes hemos conocido la mayoría, y la conclusión es que cada una merece mucho más que una breve parada.

Linhares da Beira, una de las Aldeias Históricas de Portugal y también parte de Beira Interior Wine Villages
Qué ver en el norte de Beira Interior
Para ordenar una región tan amplia, comenzamos por su mitad norte, desde las poblaciones próximas a la frontera española hasta la Serra da Estrela. El principal punto de referencia es Guarda, pero las distancias no siempre son pequeñas, así que lo ideal es distribuir las visitas en varias jornadas y avanzar sin prisas.
Guarda, la ciudad más alta de Portugal
Nos vamos a poner líricos. En Guarda «un suave y saludable aire de montaña recorre sus calles medievales». En nuestra primera visita, durante Semana Santa, aquello se traducía en un aire tremendo y un frío que pelaba. Sin embargo, en verano la ciudad puede sorprender con bastante calor. Al final, estar a más de mil metros de altitud tiene estas cosas: conviene mirar bien la previsión antes de preparar la maleta. .
La Sé Catedral de Guarda
Sin duda estamos ante uno de los monumentos más impresionantes de Guarda, con más de seis siglos de historia y un formidable estado de conservación. Su aspecto de fortaleza encaja perfectamente en estas tierras de frontera, mientras que su arquitectura combina elementos góticos y manuelinos sobre una estructura de granito imponente.

El interior resulta todavía más espectacular. Las tres naves están cubiertas por bóvedas de crucería y separadas por robustos pilares, algunos con columnas torsas de estilo manuelino. Sin embargo, todas las miradas terminan en el retablo mayor, una obra manierista del s. XVI atribuida a João de Ruão y formada por cerca de un centenar de figuras.
La Sé domina la Plaza Luís de Camões, grandiosa y de gran belleza. En ella también se encuentra la Oficina de Turismo, ubicada en la antigua casa señorial de los Póvoas, del s. XVIII. Otros edificios notables son el antiguo ayuntamiento, del s. XVI, y el conjunto de casas del s. XVII conocido como Los Balcones.

Os Balcões da Guarda, conjunto de edificios de estilo filipino que reciben su nombre de los soportales de influencia castellana
Un paseo por el centro histórico de Guarda
Caminamos por la calle Francisco de Passos, antiguo eje principal del burgo medieval, donde mercaderes y comerciantes vendían sus productos. Después nos acercamos a la Puerta de Erva, parte del sistema defensivo construido en el s. XIII. Un poco más adelante se encuentran los restos del primitivo castillo románico.
De vuelta al centro histórico, llegamos a la barroca Iglesia de San Vicente. Muy cerca se extendía el antiguo barrio judío, del que hoy apenas quedan algunos ecos. Desde allí continuamos hasta la Puerta del Rey y después nos dirigimos hacia la Puerta de Ferreiros, protegida por una impresionante torre.

La antigua judería de Guarda se extiende en los alrededores de la Porta d’El Rei y la Rua do Amparo hasta la Iglesia de San Vicente.
La torre se puede visitar y el acceso resulta muy cómodo gracias a un ascensor lateral. Desde lo alto disfrutamos de una magnífica panorámica del casco histórico y, sobre todo, de una vista privilegiada de la Sé Catedral de Guarda, que se alza poderosa sobre los tejados de la ciudad.
Visita extramuros de Guarda
En el s. XIII, la Orden de San Francisco se instaló fuera de las murallas de Guarda. Siglos después, el obispo de la ciudad también eligió esta zona para construir su palacio y un seminario. Ambos edificios forman hoy uno de los conjuntos monumentales más interesantes situados extramuros.
Algo más alejadas del centro se encuentran la Fuente de Santo André, la más monumental de Guarda, y el antiguo Sanatorio Sousa Martins. A principios del s. XX, los enfermos de tuberculosis eran tratados allí, en un entorno rodeado de bosque y aire puro. Todavía hoy llaman la atención las enormes secuoyas que crecen en el llamado Parque da Saúde, junto al antiguo sanatorio.

Después regresamos al centro histórico para acercarnos a la Torre del Homenaje, el último gran vestigio de la antigua alcazaba de Guarda. Desde lo alto del cerro recuerda el pasado defensivo de una ciudad levantada para vigilar la frontera.
Passadiços do Mondego, naturaleza junto a Guarda
A unos 20 kilómetros de Guarda, aproximadamente 15 minutos en coche, los Passadiços do Mondego recorren las orillas del río y varios de sus afluentes entre pasarelas de madera, cascadas, molinos y puentes colgantes. La ruta completa es lineal, tiene unos 12 kilómetros y exige entre cuatro y cinco horas. Nosotros comenzamos junto a la Barragem do Caldeirão, aunque no hicimos todo el recorrido, y aun así nos gustó una barbaridad. El paisaje es espectacular y permite descubrir una vertiente mucho más natural de Beira Interior.

Trancoso, cuna del profeta Bandarra
En esta ciudad todavía se alzan orgullosas sus murallas y, por supuesto, también conserva su castillo. La historia de Trancoso está estrechamente ligada a la de Portugal, pues en esta Aldea Histórica celebró su matrimonio el rey Dinis I con Isabel de Aragón. Además, sus bellas calles empedradas esconden curiosos secretos.
Uno de ellos lo descubrimos en el museo Casa Bandarra. Nacido en 1500, António Gonçalves Annes Bandarra era zapatero, aunque pasó a la historia como poeta y profeta. Como era de esperar, sus versos llamaron la atención de la Inquisición, que terminó juzgándolo, aunque recibió una pena leve. Entre otros sucesos, se interpretó que había profetizado la pérdida de la independencia de Portugal y su restauración seis décadas después. Es más, hasta predijo quien pagaría su entierro 😯.

Estatua de Bandarra en Trancoso
Centro de Interpretación de la Cultura Judía Isaac Cardoso
Aunque Trancoso no conserva una comunidad judía como la de Belmonte, sí cuenta con el Centro de Interpretación de la Cultura Judía Isaac Cardoso. Además de funcionar como sinagoga, explica la historia de los judíos en la ciudad, las persecuciones de la Inquisición y la figura del médico y filósofo Isaac Cardoso.
Las huellas de aquella comunidad todavía aparecen en las casas con dos puertas: una grande para el comercio y otra más estrecha para la vivienda. También destaca la Casa del Gato Negro, en cuya fachada no hay ningún gato, sino el León de Judá. El edificio se relaciona tradicionalmente con la antigua sinagoga y la vivienda del rabino.

La verdad es que no se parece en nada a un gato y tampoco es negro, pero quizá ese nombre ayudó a salvarlo de la destrucción.
Otra construcción interesante es la casa que sirvió de cuartel al general Beresford. Este militar británico recibió el título de primer conde de Trancoso por su participación en la lucha contra la invasión napoleónica.
Extramuros no solo podemos admirar las puertas y murallas de Trancoso. Siguiendo lo que en tiempos fue un camino medieval, también descubriremos varias sepulturas antropomorfas excavadas en la roca.
Moreira de Rei
¿Y qué hay en Moreira de Rei? Seguro que puedes adivinarlo… ¡un castillo! Documentado por primera vez en el s. X, en él se alojó el rey portugués Sancho II antes de partir al exilio en Toledo. La fortaleza se adapta por completo al irregular terreno y utiliza la propia roca granítica como cimiento.

Precisamente eso fue lo que más nos sorprendió. Hasta llegar casi a la base, cuesta distinguir dónde terminan las grandes moles de granito y dónde empieza el castillo. Desde lejos parece un simple amontonamiento de rocas, pero poco a poco aparecen sus muros y restos defensivos.
Sin embargo, Moreira de Rei guarda más sorpresas. Nos encantaron especialmente sus lagares rupestres, excavados directamente en la piedra y utilizados antiguamente para prensar uvas. También conserva fuentes de inmersión y un curioso palomar circular que completa la visita a esta pequeña localidad de Beira Interior.
Marialva y la leyenda de la dondella con pies de cabra
Marialva fue una de esas sorpresas que justifican por sí solas un viaje. Su antigua ciudadela se alza sobre un macizo de granito, rodeada por murallas y dominando un paisaje que parece no tener fin. Dentro sobreviven calles medievales, torres, iglesias, el pelourinho y las ruinas de las viviendas que fueron abandonándose con el paso de los siglos. Entre ellas crecen olivos plantados, según nos contaron, para conservar la memoria de las familias que un día vivieron allí.

Nos gustó tanto que fue la primera Aldeia Histórica de Portugal a la que dedicamos un artículo propio. Allí contamos con detalle qué ver en Marialva y la leyenda de Maria Alva, la misteriosa Doncella de los Pies de Cabra, cuyo secreto fue revelado por un ingenioso zapatero. Una historia con un desenlace trágico que da un toque pintoresco a un lugar ya de por sí fascinante.
Mêda, la villa sin castillo
Nuestra siguiente parada es esta hermosa villa serrana, con un pequeño pero interesante centro histórico. Y empezamos… ¿con un castillo? ¡¡Nooooo!! El gran símbolo de Mêda es la Torre del Reloj y, aunque luce almenas, son fruto del romanticismo del s. XIX. Nunca formó parte de una fortaleza.
Eso sí, en este lugar hubo un castro prehistórico y más tarde una torre vigía medieval. Desde allí se controlaba el entorno de la Serra da Marofa y se apoyaba la defensa de los cercanos castillos de Longroiva y Marialva. Subir hasta la cima merece mucho la pena por las vistas, aunque hacerlo después de una abundante comida portuguesa puede dejarte con la lengua fuera 😜. Durante el ascenso también encontrarás una imagen de la Virgen y un cruceiro.

Otros lugares destacados de Mêda son la Iglesia Matriz, construida en el s. XVII sobre un templo románico anterior, el bello Ayuntamiento barroco del s. XVIII y varias fuentes repartidas por la localidad.
Celorico da Beira, una trucha, un castillo y siglos de historia
Antes de entrar en Celorico da Beira merece la pena detenerse en algunos lugares de sus alrededores. Junto al río Mondego se encuentra a Ponte da Lavandeira, conocida durante mucho tiempo como puente romano. Sin embargo, la construcción actual es del s. XVIII, ya que el puente anterior fue destruido durante las invasiones francesas.
A unos cinco kilómetros del casco urbano se encuentra la Necrópolis de São Gens. Allí se conservan tumbas antropomorfas con más de un milenio de antigüedad y las ruinas de un pequeño poblado medieval. También se habla de restos romanos, aunque nosotros no conseguimos encontrarlos.

Tumbas antropomorfas de la necrópolis de São Gens
De regreso en Celorico, lo mejor es perderse por su casco histórico. Sus calles estrechas conservan numerosas puertas góticas y ventanas manuelinas. También merece una visita la iglesia de Santa María, con su artesonado del s. XVIII y sus tumbas blasonadas. El exterior reúne elementos de distintas épocas, desde la fachada románica hasta añadidos barrocos.
Y, como nos suelen decir, no hay viaje de mapa y mochila… ¡sin un castillo! ¿Entiendes ahora por qué hemos visitado tres veces esta región? La fortaleza románica de Celorico da Beira es el gran símbolo de la villa y está ligada a una curiosa leyenda. Durante un asedio en el s. XIII, un águila dejó caer una trucha dentro de las murallas. El alcaide la cocinó y se la envió a sus enemigos, que pensaron que el castillo todavía tenía provisiones de sobra y decidieron levantar el sitio. Por eso, una trucha sigue apareciendo en el escudo de la ciudad.

Linhares da Beira, una aldea detenida en el tiempo
Linhares da Beira es una de las doce Aldeas Históricas de Portugal. Este pueblo medieval conserva el trazado de sus calles y el encanto de un lugar detenido en el tiempo. ¡Si hasta tiene una calzada romana! En su día formó parte del camino que unía Mérida y Braga.
Debo reconocer que caminar por la Vía Apia de Roma me encantó y, desde entonces, cada vez que encuentro una calzada romana termino recorriéndola. En Linhares, además, nos esperan calles empedradas, ventanas manuelinas y una picota que refuerzan esa sensación de estar viajando varios siglos atrás.

Uno de sus elementos más interesantes es el Foro, donde se reunían los hombres buenos de Linhares para gobernar el municipio. Es uno de los pocos que todavía se conservan en Portugal. Y, por supuesto, aquí también hay un castillo: una bella fortaleza románica levantada sobre un promontorio de granito.
Belmonte, el secreto de los últimos judíos de Portugal
Belmonte conserva un imponente castillo de granito levantado en el s. XIII, pero su historia va mucho más allá. Esta Aldea Histórica fue la cuna de Pedro Álvares Cabral, descubridor de Brasil. Por eso, uno de sus museos más interesantes está dedicado a los Descubrimientos y ocupa la que se cree fue una antigua casa de la familia Cabral.
Sin embargo, lo que hace realmente especial a Belmonte es su comunidad judía. Tras la expulsión decretada por Manuel I, varias familias mantuvieron su fe y sus tradiciones en secreto durante siglos. De puertas para fuera eran cristianas, pero dentro de sus casas conservaron ritos, celebraciones y costumbres transmitidos oralmente. Sus vecinos cristianos conocían aquel «secreto» y miraron hacia otro lado, permitiendo que esta comunidad criptojudía llegara hasta nuestros días.

En Belmonte merece la pena visitar el Museo Judío, recorrer la antigua judería y acercarse a la actual sinagoga Bet Eliahu. También nos gustaron mucho la Iglesia de Santiago y el Panteón de los Cabral. Y, en los alrededores, no faltan las sorpresas: la misteriosa Centum Cellas y la villa romana de Quinta da Fórnea, una enorme explotación agropecuaria que conserva establos, lagares, herrería, hórreo y hasta unas termas. Nos pasamos más de una hora recorriéndola. Está claro que nos encantan las piedras viejas 🥰.
Serra da Estrela y Covilhã
Nos adentramos en la Serra da Estrela, donde según la tradición nació el líder lusitano Viriato. Este gran macizo granítico alberga el punto más alto de Portugal continental y combina mesetas, valles glaciares, lagunas y carreteras panorámicas. Desde Covilhã subimos hasta Torre, deteniéndonos en miradores y lugares tan singulares como Nossa Senhora da Boa Estrela.
Covilhã fue durante siglos uno de los grandes centros laneros de Portugal. Hoy mezcla su casco histórico con la ciudad moderna y la antigua zona industrial. Uno de sus símbolos es el puente peatonal de Carpinteira, que cruza el valle a 52 metros de altura. Para subir al centro histórico hay un ascensor panorámico con excelentes vistas del puente y de las antiguas fábricas.

Una vez arriba, merece la pena acercarse a la Plaza del Municipio, recorrer la antigua judería y visitar la iglesia de Santa Maria Maior, decorada con azulejos azules y blancos. Para conocer con más detalle la sierra, sus miradores y sus rutas, puedes consultar nuestro artículo sobre la Serra da Estrela.
Almeida, la estrella del interior
Almeida es conocida como la estrella del interior, y basta contemplar su fortaleza desde el aire para entender el motivo. La plaza fuerte adopta una espectacular forma hexagonal, con seis baluartes, otros tantos revellines y profundos fosos. Fue diseñada para adaptarse a las nuevas armas de fuego y sellar la frontera con España. Nosotros nos pasamos horas recorriendo sus murallas y todavía nos parecía que quedaba mucho por ver.
El acceso se realiza por unas impresionantes puertas dobles abiertas en túneles abovedados. Dentro, Almeida conserva numerosos edificios ligados a su pasado militar, como los antiguos cuarteles, el Cuerpo de Guardia, la Casa del Gobernador y el Museo Histórico-Militar. También aparecen construcciones civiles y religiosas, entre ellas la Iglesia de la Misericordia, la Casa de la Roda dos Expostos y la actual Iglesia Matriz, instalada en el antiguo convento de Loreto.

Toda la villa está marcada por su condición de plaza de guerra. Casamatas, polvorines, baluartes y galerías subterráneas recuerdan siglos de enfrentamientos fronterizos. En 1810, durante las invasiones francesas, la explosión del polvorín del castillo destruyó buena parte de Almeida y redujo la antigua fortaleza a ruinas. Aun así, el conjunto mantiene una fuerza impresionante y permite comprender cómo funcionaba esta auténtica máquina defensiva.
Una de nuestras mayores sorpresas fue el Picadeiro d’El Rey, instalado en el antiguo Tren de Artillería y Arsenal del Baluarte de Nossa Senhora das Brotas. El edificio conserva todavía los abrevaderos utilizados por las mulas que transportaban las piezas de artillería. Hoy alberga una escuela de equitación con establos y pista exterior. Como viajábamos con el niño, disfrutó de lo lindo subiéndose a uno de los caballos. Y nosotros tampoco nos quedamos atrás con el entusiasmo: entre fortalezas, pasadizos y viejas piedras, Almeida nos pareció una joya imprescindible.

Castelo Mendo
Lo primero que vimos al llegar a Castelo Mendo fue la Puerta de la Vila, y nos dejó alucinados. Protegida por dos torreones y abierta mediante un arco apuntado, conserva numerosas marcas de cantero en sus sillares. Junto a ella aparecen dos verracos de origen prerromano, vinculados al pueblo vetón, que nos dieron la bienvenida a esta Aldea Histórica.
Castelo Mendo conserva dos recintos amurallados. El burgo viejo, protegido por una muralla del s. XII, reúne los restos del castillo románico, la cisterna y las ruinas de la torre del homenaje. Allí también se encuentra la antigua iglesia de Santa María, un templo románico del s. XIII ampliado en el s. XVI. La visitamos al atardecer y la luz entre sus muros derruidos convirtió el lugar en uno de los rincones más espectaculares de Castelo Mendo. El burgo nuevo, levantado durante el reinado de Dinis I, creció alrededor de la iglesia de San Pedro. Paseando entre ambos descubrimos casas manuelinas, antiguas puertas, el pelourinho y las curiosas figuras de Mendo y Menda. Son dos carantonhas, cartas esculpidas grutescas, que se han convertido en símbolos de la localidad.

También encontramos el llamado Barroco dos Desejos. Según la tradición, basta lanzar una piedra hacia lo alto del enorme peñasco para que se cumpla un deseo. Por supuesto, nosotros también lo intentamos 😜. Entre murallas, calles empedradas y rincones medievales, Castelo Mendo nos pareció uno de esos lugares donde apetece caminar sin mirar el reloj.
Sortelha, la aldea de los lagartixos
Sortelha conserva casi intacta su fisonomía medieval, con sus casas encajadas entre enormes bloques de granito y protegidas por una muralla del s. XIII. Esa disposición, con las viviendas expuestas al sol, explica el curioso apodo de sus habitantes: los lagartixos. Dentro del recinto nos llamaron la atención el castillo roquero, el pelourinho manuelino, la antigua Casa de la Cámara y el centenario Lódão Bastardo, un anciano árbol que recibe al visitante en el Largo do Corro.

También merece la pena buscar la llamada Puerta Falsa, aunque en realidad no conduce a ningún callejón sin salida. Su función original no está del todo clara, pero pudo servir para dividir a las tropas enemigas. Muy cerca se encuentra la Porta Nova, que, pese a su nombre, es la más antigua y conserva grabadas dos medidas medievales usadas en mercados y ferias: el codo y la vara.
Fuera de la muralla aparecen sepulturas excavadas en la roca, la antigua iglesia de la Misericordia y algunas de las formaciones graníticas más curiosas de Sortelha. La más romántica es el Beijo Eterno, dos rocas que, según la leyenda, representan a una joven cristiana y un guerrero musulmán petrificados mientras se besaban. Entre piedras con nombre, puertas que no son lo que parecen y árboles centenarios, Sortelha fue uno de esos lugares capaces de sorprendernos a cada paso.

¿Eres capaz de ver el beso eterno en la foto?
Qué ver en Beira Baixa
Dejamos atrás las tierras altas del norte para adentrarnos en Beira Baixa, donde el paisaje se vuelve más suave, cálido y mediterráneo. La principal referencia de este territorio es Castelo Branco, pero, al igual que en Beira Alta, encontrarás pueblos fortificados, aldeas históricas y lugares singulares que invitan a viajar sin prisas y a disfrutar del slow travel.
Castelo Branco
Aunque es una población grande, el casco histórico de Castelo Branco resulta ideal para recorrer a pie. Así puedes ir descubriendo sus calles empedradas, las casas con portadas del s. XVI y algunos restos de las antiguas murallas. Entre sus rincones más emblemáticos se encuentran la Praça de Camões, la antigua Domus Municipalis, la Casa do Arco do Bispo y el cruceiro manuelino de São João. La ciudad también combina este patrimonio con espacios contemporáneos como el Museo Cargaleiro y el Centro de Cultura Contemporánea.
El Jardim do Paço Episcopal
El lugar que realmente nos enamoró de Castelo Branco fue el Jardim do Paço Episcopal. Sus terrazas, escalinatas, fuentes, estanques y pasillos entre setos convierten la visita en un paseo lleno de sorpresas. También es un refugio perfecto durante los días de calor. Eso sí, si vas con niños, vigílalos bien: al nuestro le faltó poco para desaparecer entre los setos o acabar empapado en alguna fuente 😂.

Entre sus numerosas esculturas aparecen apóstoles, virtudes, signos del zodiaco y reyes de Portugal. Como detalle curioso, aunque en Portugal nos quieren mucho, los monarcas españoles de la dinastía de los Habsburgo son algo más pequeños que el resto 😜. Nos pasamos más de una hora recorriendo el jardín y solo nos marchamos porque teníamos que ir a comer. Después tocaba subir hasta el castillo templario y, con aquel calor, agradecimos mucho haber descansado antes entre fuentes y zonas de sombra.
De hecho, como hacía tanto calor, subimos al castillo en coche y aparcamos junto a la iglesia de Santa Maria do Castelo. Aunque hoy quedan pocos restos, todavía permiten imaginar la importancia de este formidable recinto defensivo. La antigua alcazaba medieval fue transformada entre finales del s. XV y comienzos del XVI, cuando las funciones residenciales ganaron peso frente a las puramente militares. En su interior se encontraban la iglesia, la torre del homenaje y el palacio de los Alcaides Mayores, organizado alrededor de varios patios escalonados. Además, desde lo alto se contemplan unas vistas inigualables sobre la ciudad y el paisaje de Beira Baixa.

Castelo Novo
Esta Aldea Histórica, perteneciente al concelho de Fundão, se extiende por la ladera de la Serra da Gardunha, formando un pequeño laberinto de calles empedradas, escaleras y edificios de granito. El agua acompaña todo el paseo, brotando de fuentes como la da Bica o la monumental de D. João V. En el Largo do Pelourinho se concentran algunos de sus elementos más interesantes, como la antigua Casa da Câmara e Cadeia, el pelourinho manuelino y varias casas señoriales.
Como imaginarás por el nombre de la población, Castelo Novo tiene un castillo, en este caso templario, que domina la aldea desde lo alto. Eso sí, muy «novo» no está, porque apenas conserva una torre cuadrangular, reutilizada en parte como campanario. Además, la visita se realiza mediante pasarelas, así que el recorrido resulta algo más limitado que en otras fortalezas de Beira Interior. Aun así, las excavaciones permitieron recuperar numerosos objetos medievales, hoy expuestos en el Núcleo Museológico, y desde la zona elevada se entiende perfectamente cómo la aldea fue creciendo alrededor de la fortaleza.

Pero lo que más nos enamoró de Castelo Novo fue la Lagariça, un antiguo lagar comunitario excavado directamente en un afloramiento de granito. Si pasas deprisa, puede parecer una roca más del paisaje, pero en realidad conserva todo un sistema para elaborar vino. La pila superior, más grande y redondeada, servía para pisar la uva y prensar el orujo. Después, el mosto descendía por un conducto hasta una segunda pila, más pequeña y rectangular. Aunque resulta difícil fecharla con exactitud, se calcula que podría remontarse a los siglos VII u VIII.
Penamacor, entre murallas y memoria sefardí
En su día, en esta hoy tranquila villa fronteriza, se levantó una de las fortalezas más importantes de Beira. Vinculada a la Orden del Temple y a la defensa del reino portugués, hoy la torre del homenaje permanece solitaria sobre el promontorio rocoso. Sinceramente, no fue lo que más nos impresionó, aunque desde allí se contemplan unas vistas magníficas sobre la población y el paisaje de Beira Baixa.
Mucho más interesante nos pareció la antigua Casa da Câmara, construida sobre una de las puertas del desaparecido recinto amurallado. Al atravesarla todavía se entiende cómo este edificio civil formaba parte de la estructura defensiva. Muy cerca se encuentran la Torre del Reloj y el pelourinho, que conserva incluso las argollas de hierro utilizadas antiguamente. También nos sorprendieron los restos de la iglesia de Santa María: un conjunto de rocas trabajadas y tumbas antropomorfas que, a primera vista, cuesta identificar como los vestigios de un antiguo templo. Algo más abajo, la iglesia de la Misericordia conserva una elegante portada manuelina.

Penamacor también estuvo ligada a la comunidad judía que encontró refugio en Portugal tras la expulsión de 1492. Su figura más ilustre fue António Ribeiro Sanches, médico y filósofo nacido en la localidad. Perseguido por la Inquisición por su origen judeoconverso, llegó a ejercer como médico de la corte rusa y contribuyó a renovar la enseñanza de la medicina en Portugal. Su historia se recuerda en la Casa da Memória da Medicina Sefardita.
Meimoa y su playa fluvial
A unos diez minutos en coche de la villa de Penamacor se encuentra Meimoa, una localidad perteneciente al mismo concelho. Es conocida sobre todo por su playa fluvial, situada junto al llamado puente romano y muy popular durante los calurosos veranos de Beira Baixa. Nosotros la visitamos en abril, así que no apetecía precisamente darse un baño 😂. Sin embargo, descubrimos que hay algo más que ver. Merece la pena acercarse a la Iglesia Matriz, cuyo interior nos sorprendió, y contemplar el cruceiro exterior, levantado reutilizando un antiguo sillar romano con una inscripción votiva.
Monsanto, la aldea más portuguesa de Portugal
O eso dicen todas las guías desde que ganó un concurso hace casi un siglo. De hecho, una réplica del gallo de plata que recibió como premio todavía corona la Torre de Lucano. Pero, para los seguidores de Juego de Tronos como nosotros, Monsanto es también uno de los lugares donde se rodó la segunda temporada de La Casa del Dragón. ¡Dracarys!

Rocadragón. O Monsanto
Encaramada sobre una enorme elevación de granito, Monsanto es una de las poblaciones más espectaculares de Beira Interior. Sus casas parecen surgir directamente de las rocas y, en algunos casos, enormes bloques sirven como paredes o tejados. Por eso se habla de viviendas «de una sola teja». El conjunto conserva un trazado medieval de calles empinadas, pasadizos y rincones en los que la arquitectura casi se confunde con el paisaje. Durante el paseo también encontrarás antiguos palacetes, el pelourinho, la casa donde ejerció el médico y escritor Fernando Namora y numerosos miradores sobre las llanuras de Beira Baixa.
Uno de los lugares que más nos gustaron fueron las ruinas del antiguo poblado de la freguesia de São Miguel, situado junto al camino que asciende hacia el castillo. Entre grandes rocas aparecen los restos de antiguas viviendas y la capilla de São Miguel, rodeados por un paisaje silencioso y algo melancólico. Apenas queda en pie una parte de lo que fue aquel núcleo medieval, pero precisamente ese aire de abandono convierte el paseo en uno de los rincones más evocadores de Monsanto.

Desde allí continúa la subida hasta el castillo templario, levantado en la zona más alta del monte. Aunque se encuentra en ruinas, conserva murallas, torres y varios recintos desde los que se contemplan unas vistas impresionantes. La subida al poblado y al castillo exige cierto esfuerzo, pero merece la pena recorrerla con calma.
Idanha-a-Velha
A primera vista, Idanha-a-Velha parece una pequeña y tranquila Aldea Histórica. Sin embargo, bajo sus calles se esconden los restos de una ciudad con más de dos mil años de historia. Fundada por los romanos como Civitas Igaeditanorum, llegó a ser un importante nudo de comunicaciones entre Mérida y Braga. Más tarde fue sede episcopal durante las épocas sueva y visigoda, pasó por manos musulmanas y quedó vinculada a la Orden del Temple.
Todo ese pasado aparece mezclado entre las casas actuales. La torre templaria se levantó sobre el podio del antiguo templo romano, mientras que la muralla reutiliza columnas, frisos, inscripciones y otros materiales de la ciudad imperial. Uno de los accesos más interesantes es la sobria Porta Norte, flanqueada por dos torreones circulares y orientada hacia la antigua Bracara Augusta. También se conservan restos del foro, viviendas romanas con patio y unas termas situadas fuera del recinto amurallado.

Sin embargo, lo que más nos sorprendió fueron los dos baptisterios paleocristianos, testimonio de la importancia religiosa que alcanzó la antigua Egitania. Entre ambos se encuentra la iglesia de Santa María, conocida como la Sé, un edificio de origen tan antiguo como discutido que fue transformándose durante siglos. Junto al río Pônsul también merece la pena buscar las poldras, una hilera de 43 bloques de piedra que permitía cruzarlo saltando de uno a otro. Muchos proceden de antiguas construcciones romanas.
Penha Garcia, entre fósiles, molinos y un castillo templario
También dentro del concelho de Idanha-a-Nova se encuentra Penha Garcia, una pequeña población que nos sorprendió mucho más de lo esperado. Lo que más disfrutamos fue simplemente pasear por sus calles empinadas, entre casas de piedra, escaleras y pequeños huertos. En abril, además, todo estaba especialmente florido y el contraste entre las fachadas de granito y los colores de la primavera hacía el recorrido todavía más bonito.
A nuestro hijo, sin embargo, lo que más le llamó la atención fue el tanque situado en plena plaza. Según nos contaron, participó en la Revolución de los Claveles y la propia freguesia lo solicitó años después para conservarlo como recuerdo. No es precisamente el monumento que uno espera encontrar en un pueblo medieval, pero consigue que todo el mundo se detenga a mirarlo 😂.

Y si, al lado del tanque hay un parque infantil 😂
Sobre la población se alzan las ruinas del castillo, vinculadas a las órdenes militares que controlaron esta zona fronteriza. Desde allí comienza la Ruta de los Fósiles, un sendero que desciende hacia el río Pônsul entre antiguos molinos y paredes de cuarcita. En ellas aparecen las llamadas «serpientes pintadas», huellas dejadas por organismos marinos hace cientos de millones de años, cuando este territorio se encontraba cubierto por el mar.
Vinos de Beira Interior
La Región Demarcada de Beira Interior es la zona vitivinícola situada a mayor altitud de Portugal continental. Puede sonar extraño hablar de vinos de altura con viñedos entre los 350 y los 750 metros, sobre todo cuando en España encontramos cultivos por encima de los 1.000. Sin embargo, Portugal tampoco se caracteriza por sus grandes altitudes. Además, los inviernos fríos, los veranos secos y la gran diferencia de temperatura entre el día y la noche favorecen una maduración más lenta de la uva y ayudan a conservar su frescura y sus aromas.

La denominación se divide en tres subregiones: Pinhel, Castelo Rodrigo y Cova da Beira, cada una con paisajes y vinos algo distintos. Entre las blancas, la Fonte Cal suele dar vinos con cuerpo y carácter mineral, mientras que la Síria produce blancos más frescos, aromáticos y con notas cítricas. Entre las tintas, la Rufete destaca por su elegancia y frescura, la Marufo por su suavidad y la Bastardo por dar vinos ligeros, finos y con bastante personalidad.
Quinta Souvall, vinos de montaña en Vale Flor
En Vale Flor, dentro del concelho de Mêda, visitamos Quinta Souvall, un proyecto familiar dedicado a la elaboración de vinos de montaña y al enoturismo. Curiosamente, la localidad fue conocida antiguamente como Vale de Ladrões, un nombre ligado al contrabando que todavía sobrevive en uno de los vinos de la casa. La visita incluye un recorrido por la bodega, un paseo hasta una viña cercana y una cata comentada acompañada de aperitivos. Las experiencias parten de 30 €.
Durante el recorrido nos explicaron cómo influyen la altitud y el clima continental en sus vinos, pero sin convertir la visita en una clase interminable. Después llegó la parte más esperada: la cata. Nos gustó especialmente el Souvall Reserva blanco, tanto por su sabor como por su preciosa etiqueta, inspirada en la naturaleza del entorno.

La gran sorpresa fue el Souvall Vendimia Tardía, elaborado con uvas recogidas cuando ya están muy maduras y parcialmente deshidratadas. El resultado es un vino dulce, dorado y aromático, pero equilibrado y nada empalagoso. Solo se produjeron 900 botellas de medio litro de la añada 2023, tras 24 meses de crianza en acero inoxidable. Nos pareció una auténtica gozada y uno de esos vinos ideales para regalar. Además viene en un estuche super-chulo, así que que ya sabes…
Donde comer en Beira Interior
Viajar por Beira Interior también significa sentarse a la mesa. Su cocina está muy ligada al territorio y a los productos de montaña, con quesos, embutidos, cabrito, carnes de caza, buen pan y recetas tradicionales que cambian de una población a otra. Además, como suele ocurrir en Portugal, las raciones no están precisamente pensadas para quedarse con hambre 😂.
Mercearia do Fradinho, picoteo con encanto en Trancoso
En Mercearia do Fradinho comimos en la terraza, a la sombra, con una propuesta informal de picoteo. Todo estaba bueno, pero las ensaladas nos parecieron espectaculares. Además, el trato fue de esos que se recuerdan: muy, pero que muy amables. Un consejo: Aunque comas fuera, entra a ver el local. Es muy pequeño y coqueto y su decoración merece la pena.

A Colmeia, buena cocina a las afueras de Guarda
A Colmeia se encuentra a las afueras de Guarda y ofrece una cocina cuidada y de calidad. La cena fue muy agradable y todo estuvo a buen nivel. También nos hizo muchísima gracia la decoración de los baños… y hasta ahí podemos leer 😂.
Nobre Vinhos e Tal, comer con vistas a la catedral
En pleno corazón de Guarda, Nobre Vinhos e Tal reúne una comida fabulosa, un trato excepcional y unas vistas espectaculares a la catedral. Todo estaba ótimo, como dirían en Portugal. Además, es un lugar perfecto para probar el cabrito a la parrilla al estilo de Guarda. Con decir que no soy de cabrito y el plato terminó limpio y reluciente, está todo dicho.

Dónde dormir en Beira Interior
Beira Interior es una región muy amplia, así que conviene elegir bien dónde alojarse. Si prefieres una base con todos los servicios, las opciones más prácticas son Guarda, en la mitad norte, y Castelo Branco, en Beira Baixa. Sin embargo, dormir en localidades pequeñas como Celorico da Beira, Meimoa o Marialva permite disfrutar de un ambiente mucho más tranquilo y cercano al territorio. Nosotros hemos probado ambas opciones en distintos viajes y cada una tiene sus ventajas.
Casas do Côro, dormir a los pies de una ciudadela medieval
En Casas do Côro dormimos en una de las antiguas viviendas rehabilitadas y repartidas por el arrabal de Marialva. Además de habitaciones y casas con mucho encanto, el alojamiento cuenta con piscina de agua salada con vistas a la ciudadela, restaurante y experiencias entre viñedos. Nosotros disfrutamos también de su propuesta Sunset@Camionete, una forma muy original de contemplar Marialva al atardecer con vino y aperitivos. Contamos nuestra estancia con mucho más detalle en el artículo dedicado a Marialva.

Quinta da Alqueidosa, tranquilidad en plena naturaleza
La Quinta da Alqueidosa es un alojamiento rural situado en un entorno apartado, lejos de poblaciones grandes y rodeado de campo. Es una buena opción para quien busque tranquilidad y no tenga inconveniente en desplazarse en coche. Cuenta con piscina de agua salada, amplias zonas exteriores y unas vistas muy agradables sobre el paisaje.
El alojamiento se distribuye en varias casas con cocina, salón y otros espacios comunes. Dentro de ellas hay habitaciones dobles, algunas con baño compartido, y otras más amplias que funcionan como pequeños apartamentos. Lo que más nos gustó fue la coqueta zona de desayunos. El bufé estaba muy cuidado y todo lo que probamos estaba realmente bueno.

Cómo recorrer Beira Interior
En coche y sin prisas
La mejor forma de recorrer Beira Interior es en coche. Las aldeas históricas, bodegas y espacios naturales están bastante dispersos, así que conviene organizar bien cada jornada. Aunque las carreteras suelen estar en buen estado, los trayectos pueden alargarse entre curvas, paradas y desvíos hacia pueblos pequeños.
También es recomendable llevar suficiente combustible. En las zonas rurales y de montaña las gasolineras son menos frecuentes y, además, normalmente sale más barato repostar en España antes de cruzar la frontera. Quien avisa no es traidor ⛽.
En este mapa de Beira Interior puedes localizar las principales poblaciones, carreteras y lugares mencionados.

Cuántos días dedicar a Beira Interior
Para conocer la región con cierta calma, calcula al menos tres o cuatro días para la mitad norte y otros tantos para Beira Baixa. Una semana completa permite combinar ciudades, aldeas históricas, naturaleza, bodegas y gastronomía sin ir corriendo.
Con esto finaliza nuestro recorrido por Beira Interior. Han sido tres viajes llenos de naturaleza, historia, antiguas juderías, leyendas, vinos… y castillos, muchos castillos 😂. Aunque todavía nos quedan varios rincones pendientes, estamos seguros de que volveremos. ¡¡Hasta pronto, Portugal!!

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