Ostia Antica – Guía completa para visitar el puerto de Roma
Roma es un gran museo al aire libre, donde siglos de historia conviven en cada rincón. Su pasado imperial comparte esplendor con épocas más recientes, pero a solo 30 kilómetros de la Ciudad Eterna puedes realmente sumergirte en la vida cotidiana del Imperio Romano. En el Municipio Ostia Antica encontrarás el antiguo puerto de Roma. Aquí caminarás por calzadas empedradas, entrarás en tabernas de hace casi dos milenios y te sentarás en un teatro romano que aún sigue en pie. Este yacimiento arqueológico es una de las excursiones más recomendables desde la capital y en esta guía descubrirás qué ver en Ostia Antica, cómo llegar y todos los consejos prácticos para disfrutar de la visita. ¿Te vienes?

La antigua Roma fue una de las ciudades más pobladas de su época. Un poco como ahora, aunque entonces la invasión era de bárbaros y hoy de turistas. Sin embargo, en la desembocadura del Tíber todavía se puede disfrutar de la relativa paz de un asentamiento costero que sirvió como puerto de la Ciudad Eterna. Abandonada hace casi mil quinientos años, la tradición cuenta que algunas de sus piedras viajaron hasta la Torre de Pisa y que sus mármoles acabaron decorando palacios en Roma.
Contenidos del post
- 1 Pinceladas de historia de Ostia Antica
- 2 Que ver en el Yacimiento de Ostia Antica: Lugares imprescindibles
- 2.1 El Decumano Máximo y la Porta Romana
- 2.2 Termas de Neptuno
- 2.3 El Teatro y la Plaza de las Corporaciones
- 2.4 El Foro y el Capitolio
- 2.5 Los horrea junto al Foro
- 2.6 La Domus de Amor y Psique
- 2.7 El barrio de Diana
- 2.8 Termas menores y letrinas públicas
- 2.9 Los mitreos y los cultos orientales
- 2.10 Porta Marina
- 2.11 El Museo Ostiense
- 3 Qué más ver cerca del yacimiento de Ostia Antica
- 4 Consejos prácticos para visitar Ostia Antica
- 5 Artículos relacionados
- 6 Organiza tu viaje para descubrir Ostia Antica
Pinceladas de historia de Ostia Antica
Según la tradición, Ostia fue fundada en el s. VII a.C. por Anco Marcio, cuarto rey de Roma, para vigilar la desembocadura del Tíber. Pronto pasó de ser una colonia militar a convertirse en el gran puerto de la capital imperial. En su apogeo, hacia el s. II d.C., posiblemente superó los 50.000 habitantes. Mercaderes, marineros, soldados, esclavos y familias enteras vivían en sus insulae, los característicos edificios de pisos de ladrillo del mundo romano, que todavía podemos ver en el yacimiento.

Inscripción en la Puerta Romana conmemorando que «el Senado y el Pueblo dieron muros a la colonia de Ostia…»
Por sus muelles entraban toneladas de trigo, aceite, vino y mercancías llegadas de todo el Mediterráneo. Como la propia Roma, Ostia Antica era un lugar cosmopolita y bullicioso, donde templos, mercados y tabernas daban servicio a una población variada y dinámica.
Innovaciones y curiosidades
No es casual que en Ostia Antica existiera uno de los primeros cuerpos de bomberos permanentes del Imperio. Quizá influyó el recuerdo del gran incendio de Roma en el año 64. Los llamados vigiles sumaban unos 400 hombres dedicados a evitar fuegos en los almacenes del puerto y a sancionar a quienes incumplían las normas de seguridad.

Modelo de la casa de Júpiter y Ganímedes, una de las ínsulas de Ostia
La vida cotidiana también tenía sus curiosidades. En una lavandería (fullonica), los esclavos lavaban la ropa pisándola en orina humana recogida de las letrinas públicas. Una auténtica economía circular de hace dos mil años, porque el amoniaco limpiaba las telas mejor que cualquier otro producto. Y hablando de letrinas, las de las Termas de los Siete Sabios estaban decoradas con frescos de filósofos griegos impartiendo sabiduría… ¡mientras usaban una letrina!
Cristianismo y abandono
En el s. III d.C. fue martirizada Áurea de Ostia y el núcleo urbano fue nombrado sede episcopal. Pero aquello no bastó para frenar el declive. La acumulación de sedimentos volvió menos operativo el puerto y los emperadores apostaron por nuevas instalaciones en Portus, más al norte.

Fresco del s. XVI en el Palacio del Vaticano que muestra una reconstrucción idealizada de Portus
Aun así, Ostia siguió teniendo actividad durante un tiempo. En el año 387 San Agustín y su madre Santa Mónica estaban en la ciudad esperando embarcar hacia África. Pero ella murió allí, y según la tradición fue enterrada en una posada, aunque siglos más tarde sus restos se trasladaron a Roma.
Finalmente, entre inundaciones, saqueos y la caída del Imperio Romano de Occidente, Ostia fue perdiendo habitantes hasta quedar prácticamente desierta en el s. VI. Lo que había sido un puerto vibrante y cosmopolita pasó a convertirse en una ciudad fantasma.
Del abandono a una nueva vida
A pesar de todo, la zona mantuvo cierta relevancia durante el s. IX. El papa Gregorio IV fortificó el pequeño núcleo medieval, rebautizado como Gregoriopoli, y sus costas fueron defendidas de los incursores sarracenos en la Batalla naval de Ostia.

Batalla de Ostia, pintada por Rafael en el Vaticano
En el s. XV se construyó el Castillo de Julio II y las murallas que aún destacan en el borgo, aunque se abandonaron un siglo después debido a una gran inundación.
Y en el s. XIX el papa Pío VII, conocido por su apoyo a las artes y la arqueología, impulsó las primeras excavaciones sistemáticas. Ya en el s. XX se acometieron restauraciones que han sacado a la luz casi dos tercios de la ciudad original. Ostia fue en su día incluso más grande que Pompeya y, aunque menos famosa, ofrece una experiencia casi igual de excepcional.

Casa de los Aurigas (Caseggiato Degli Aurighi) en Ostia Antica
Que ver en el Yacimiento de Ostia Antica: Lugares imprescindibles
Visitar Ostia Antica es recorrer una Roma en miniatura. El recinto es enorme, con unas 50 hectáreas excavadas. Para no perderte, aquí tienes el mapa del yacimiento arqueológico de Ostia, que te servirá para ubicar los principales puntos de interés. Por supuesto, hay mucho más por descubrir, como los vestigios del Palacio Imperial, santuarios, puertas y torres, o incluso una de las sinagogas más antiguas de Europa occidental. Pero con esto cubres lo imprescindible.

El Decumano Máximo y la Porta Romana
Nada más entrar al yacimiento cruzarás la Porta Romana, uno de los accesos de la antigua muralla republicana. Desde aquí comienza el Decumano Máximo, la gran avenida que vertebraba la ciudad de este a oeste. ¿Te imaginas la sensación de caminar por sus losas de basalto para una friki de las piedras viejas como yo? En este tramo inicial se conservan algunos de los llamados Cippi de Caninio, inscripciones en piedra del s. II a.C. que delimitaban la zona destinada a las operaciones de carga y descarga del grano. A lo largo de la calzada se distinguen restos de tiendas, tabernas y almacenes, que recuerdan la actividad incesante de esta arteria comercial.
Termas de Neptuno
Muy cerca del Decumano se encuentran las Termas de Neptuno, uno de los conjuntos más espectaculares de Ostia. Construidas en el s. II d.C., sorprenden por sus mosaicos en blanco y negro, enormes y todavía muy bien conservados. El más famoso representa al dios del mar cabalgando un carro tirado por hipocampos, rodeado de tritones y criaturas marinas. También se conservan mosaicos con atletas y escenas deportivas en otras salas, recordando que las termas eran sobre todo espacios de encuentro, de ejercicio y de vida social.

El Teatro y la Plaza de las Corporaciones
El Teatro romano de Ostia es uno de los grandes iconos del yacimiento. Fue construido en el s. I a.C., en época de Augusto. Ampliado posteriormente, llegó a tener capacidad para unos 3.000 espectadores. Aquí se representaban obras teatrales, pero también se celebraban reuniones cívicas y eventos públicos. Y hoy día, a pesar de los dos mil años transcurridos, sigue cumpliendo su función, porque en verano se convierte en escenario de conciertos y representaciones.
Subir a las gradas permite contemplar una vista panorámica fantástica, no solo del teatro sino también de la Plaza de las Corporaciones, situada justo detrás. Este gran espacio porticado era el centro económico de Ostia. En el suelo aún se conservan los mosaicos en blanco y negro que identificaban a cada corporación de comerciantes. Elefantes para quienes comerciaban con África, barcos que recuerdan las rutas marítimas, faros que evocan los puertos lejanos.

Aquí se organizaba buena parte del abastecimiento de Roma, en especial el grano, con la intervención de los mensores frumentarii, o medidores oficiales. No era solo un lugar de negocios, sino también de poder. Quien controlaba el grano controlaba la estabilidad de la capital del Imperio. Paseando entre estos mosaicos entenderás cómo funcionaba la maquinaria comercial que mantenía en pie a Roma.
El Foro y el Capitolio
Tras dejar atrás el teatro, llegarás al cruce del Decumano Máximo con el Cardo Máximo. Allí se encuentra el Foro de Ostia Antica, el centro político y religioso de la ciudad. En este espacio solemne y monumental se levantaban edificios administrativos, templos y la gran basílica, donde se impartía justicia y se resolvían asuntos públicos.
Dominando la plaza se encuentra el Capitolio, construido en ladrillo en tiempos de Adriano (s. II d.C.). Estaba dedicado a la tríada capitolina —Júpiter, Juno y Minerva— y era el templo más importante de la ciudad. Aunque hoy solo quedan muros y basamentos, al recorrerlo se intuye su antigua grandeza.

Junto a él se encontraba la Schola del Trajano, sede de una influyente corporación profesional, y también las curias de otras asociaciones. El Foro estaba rodeado además de tabernas, pórticos y termas, como las Termas del Foro, que recuerdan que incluso en el corazón político de la ciudad había espacios para la vida social y el descanso. Caminar por este espacio es imaginarse a magistrados y sacerdotes conviviendo con comerciantes y vecinos, todos en torno al corazón de la ciudad.
Los horrea junto al Foro
Muy próximos al foro se levantaban varios horrea, grandes almacenes destinados a guardar grano y otras mercancías. Su proximidad al centro administrativo subraya la importancia del comercio y del abastecimiento en la vida urbana. Entre ellos destacan los Horrea Epagathiana, uno de los edificios comerciales mejor conservados, con una imponente fachada de ladrillo.

La Domus de Amor y Psique
Ostia no fue solo un puerto de comerciantes y marineros, sino también un lugar dónde algunas familias acomodadas disfrutaron de auténticas mansiones urbanas. Junto al Foro se encuentra la Domus de Amor y Psique, una de las residencias privadas más lujosas descubiertas en Ostia. Construida en el s. IV d.C., muestra cómo vivía la élite de la ciudad.
Su nombre procede de la delicada escultura hallada en su interior, que representa a Amor abrazando a Psique, hoy expuesta en el Museo Ostiense. La casa conserva restos de mosaicos y mármoles que hablan de un estilo de vida refinado.

El barrio de Diana
Pero al lado del corazón político y religioso de Ostia no sólo había casas refinadas. Precisamente la Via di Diana y sus alrededores nos muestran el lado más cotidiano de la ciudad. Aquí convivían viviendas de alquiler, panaderías, tabernas y pequeños comercios, formando un auténtico barrio romano donde la vida bullía a todas horas. Es uno de los sectores mejor conservados del yacimiento y permite imaginar cómo era realmente el día a día de sus habitantes.
La Casa de Diana
Dentro del barrio destaca la Casa de Diana (s. II d.C.), uno de los ejemplos más conocidos de insulae en Ostia. Estas eran casas de varios pisos, construidas en ladrillo, donde vivían familias enteras en régimen de alquiler. Nada que ver con las lujosas domus de Pompeya. Aquí la vida era más práctica y urbana, con locales comerciales en la planta baja y viviendas en los pisos superiores.
La casa recibió su nombre por el relieve de la diosa cazadora hallado en su interior, y con el tiempo terminó dando nombre tanto a la vía en la que se encuentra como a todo el barrio. Pasear por sus restos permite hacerse una idea de cómo eran estos edificios de pisos, con escaleras, balcones y estancias compartidas.

via dei Balconi en el Barrio de Diana
El Molino del Silvano y las panaderías
Pan y circo, Panem et circenses, sostenían el Imperio. Y justo al final de la Via di Diana, frente a los Grandi Horrea, los grandes almacenes de grano, puedes ver cómo se producía el pan. En el Molino del Silvano se molía el trigo que llegaba en barco y se transformaba en pan para los habitantes de la ciudad. Se conservan las muelas de piedra y los restos de los hornos, lo que permite imaginar el proceso completo desde la descarga en el puerto al pan recién hecho.
El complejo estaba directamente conectado con los almacenes cercanos, lo que muestra hasta qué punto el grano era el motor económico de Ostia. No faltaban tampoco otras pistrinae (panaderías) repartidas por la ciudad, donde el trigo se molía con molinos movidos por esclavos o animales, se amasaba y se cocía en hornos colectivos.
Tabernas y termopolios
Caminar por la Via di Diana, flanqueada de estos auténticos bares romanos, es como perderse en el pasado, viendo cómo la vida cotidiana vuelve a tomar forma entre piedras viejas. Las tabernas y termopolios fueron, de hecho, uno de los rincones que más nos sorprendió en Ostia. Todavía se conservan los mostradores de piedra con huecos donde encajaban las ánforas, como si fueran barriles, para mantener frescos el vino y la comida.

¿Qué quieres tomar?
Encontrarnos con esa especie de barra de bar romana nos dejó alucinados. Era facilísimo imaginarse a marinos y comerciantes apoyados allí, tomando algo rápido antes de volver al puerto. Algunos locales incluso conservan restos de frescos y decoraciones que evocan ese ambiente animado y popular.
Además de este barrio, en todo el yacimiento han aparecido otros locales destacados, como la Caupona del Pavone, con frescos en sus paredes, o la Taberna dei Pescivendoli, decorada con un mosaico de Neptuno y peces.

Termas menores y letrinas públicas
El agua marcaba el ritmo del día a día en Ostia. Aunque las Termas de Neptuno eran las más monumentales, había varias termas menores repartidas por los distintos barrios. Estas instalaciones vecinales servían para bañarse, ejercitarse y socializar. Auténticos centros de reunión, abiertos a todas las clases sociales.
Otro de los aspectos curiosos de Ostia son sus letrinas públicas, largas filas de asientos de piedra alineados sobre un canal de agua corriente. Para los romanos, hacer sus necesidades era también un acto social. Se conversaba, se cerraban tratos y hasta se dejaban graffitis. Hoy sorprende verlas tan bien conservadas y entender que formaban parte natural de la vida comunitaria.
Las Letrinas de los Siete Sabios
Estas letrinas están integradas en un complejo termal del mismo nombre y además de por sus frescos destacan por su buen estado de conservación. Aquí se encontró también una inscripción que pedía a los usuarios que utilicen la xylospongium. Ese artefacto era una esponja enganchada a un palo que hacía las veces de nuestra escobilla de váter. Un recordatorio de que al responsable de mantenimiento no le interesaban tanto las posaderas de los usuarios, sino mantener las letrinas limpias.

Termas de los Siete Sabios
Los mitreos y los cultos orientales
En Ostia se han hallado varios lugares de culto vinculados a religiones orientales. Uno de ellos es el Caseggiato del Serapide, asociado al dios egipcio Serapis, muy venerado por comerciantes llegados desde Alejandría. Pero sin duda el dios oriental más venerado en Ostia era Mitra, muy popular entre soldados, comerciantes y marineros. En la ciudad se han encontrado más de una docena de mitreos, pequeños templos dedicados a esta deidad. Aunque muchos están cerrados al público, algunos se pueden visitar y permiten adentrarse en el mundo más exótico y enigmático de Ostia.
En estos espacios subterráneos la disposición típica consta de un pasillo central flanqueado por bancos de piedra y al fondo un relieve o mosaico de Mitra sacrificando al toro. El ambiente oscuro y recogido, dónde se realizaban rituales de iniciación y banquetes comunitarios, contrasta con la vida bulliciosa del foro o las tabernas.
Entre ellos destaca el Mitreo de las Termas de Mitra, situado cerca de Porta Marina. Conserva un impresionante relieve y ofrece una idea muy clara de cómo eran estos espacios y de la fuerza con la que arraigó el culto en el puerto de Roma.

Mosaico de mitra sacrificando al toro
Porta Marina
Al final del Decumano Máximo se encuentra la Porta Marina, que en época romana conectaba la ciudad con la línea de costa. Aunque hoy el mar está a varios kilómetros tierra adentro, en la Antigüedad esta salida llevaba directamente hacia las playas y los almacenes portuarios.
El Museo Ostiense
Dentro del área arqueológica se encuentra el Museo Ostiense, instalado en el antiguo convento de Santa Aurea. Es el lugar ideal para cerrar la visita, porque reúne esculturas, relieves y objetos hallados en las excavaciones de Ostia.
Aquí podrás ver desde retratos de emperadores hasta sarcófagos decorados y mosaicos trasladados desde las termas y domus. Muchos de los detalles que en las ruinas se intuyen cobran vida en las vitrinas del museo. La colección no es muy grande, pero sí muy variada, y ayuda a mirar directamente al rostro y poner en contexto a los habitantes de la ciudad portuaria.

Qué más ver cerca del yacimiento de Ostia Antica
Aunque nosotros hicimos una excursión de un día desde Roma y sólo en el Yacimiento estuvimos más de 4 horas, alrededor del mismo hay otros lugares que completan muy bien la visita. Si dispones de más tiempo o decides dormir en la zona, podrás descubrir varios lugares que forman parte de la historia del puerto de Roma.
Muy cerca se encuentra el Borgo medieval de Ostia con el Castillo de Julio II, una fortaleza renacentista junto a la que se alza la iglesia de Santa Aurea. Un poco más lejos, en la Isola Sacra, se extiende la Necrópolis de Porto, con más de 200 tumbas decoradas con inscripciones y relieves que retratan oficios cotidianos. Muy próximo se encuentran Portus, los Puertos Imperiales de Claudio y Trajano, con su gran lago hexagonal.

Castillo de Julio II en el Borgo medieval de Ostia
Y para completar el recorrido, todavía más al norte, junto al aeropuerto de Fiumicino, está el Museo delle Navi. Allí se conservan casi intactos varios barcos romanos encontrados en los antiguos puertos imperiales.
Consejos prácticos para visitar Ostia Antica
¿Cómo llegar a Ostia Antica desde Roma?
La forma más fácil y barata de llegar a Ostia Antica es en tren suburbano Roma–Lido (Metromare). Parte de la estación Porta San Paolo (junto a Pirámide, línea B del metro) y está integrada en la red de transporte urbano, así que basta con un billete sencillo BIT de 100 minutos (1,50 €). El trayecto dura unos 30 minutos y los trenes pasan cada 15–20 minutos. Si vas en verano es muy posible que veas mucha gente con toallas, sillas y cosas de playa, que van a darse un chapuzón en el mar Tirreno.

Puedes subir también en otras paradas donde conecta con el metro B, como Eur Magliana o Basilica S. Paolo, si te resultan más cómodas. Tienes que bajar en la estación Ostia Antica, la séptima desde Piramide.
Desde allí, solo hay que cruzar una pasarela peatonal y seguir un camino señalizado de unos 10 minutos a pie hasta la entrada del yacimiento. Es un paseo muy sencillo, normalmente acompañado por otros visitantes que van en la misma dirección.
También puedes llegar en coche por la Via Ostiense o la Via del Mare (unos 30–40 minutos), aunque el tren es más práctico para evitar tráfico y aparcamiento.
Y si prefieres olvidarte de todo, existen excursiones organizadas a Ostia desde Roma con guía en español que puedes reservar en el siguiente enlace.

Esta hermosa Fontana en su día tuvo una lucerna y da nombre al pórtico (Pórtico y Caseggiato della Fontana con Lucerna) en el que se encuentra
¿Cuánto cuesta la entrada a Ostia Antica?
La entrada general al Yacimiento de Ostia Antica cuesta 18 € y 5 € más con audioguía. Los jóvenes de la UE entre 18 y 25 años pagan sólo 2 €. Por su parte, menores de 18 años, personas con discapacidad con acompañante, guías oficiales y periodistas entran gratis.
Existe también una entrada completa al Parque Arqueológico, que cuesta 40 € (10 € para jóvenes de la UE). Esta modalidad incluye, además del yacimiento y el Museo Ostiense, el acceso a todos los espacios gestionados por el parque, como los Porti Imperiali o el Castillo de Julio II.
Puedes comprar tus tickets en la taquilla de la entrada (Viale dei Romagnoli, 717) o en la web oficial. Normalmente no hay grandes colas, pero en temporada alta reservar con antelación es lo más recomendable.

Entrar a Ostia Antica gratis
El primer domingo de mes la entrada al yacimiento es gratuita. Así que ya sabes como ahorrarte unos euros, aunque prepárate para una gran afluencia. Si coincide perfecto, pero tampoco es necesario que te obsesiones con ello, porque aunque pagues la entrada ten por seguro que la visita merece cada céntimo invertido.
Horarios de apertura de Ostia Antica
El yacimiento abre de martes a domingo y cierra los lunes, además del 1 de enero y el 25 de diciembre. Los horarios cambian según la época del año, ya que es un recinto al aire libre:
- Invierno (25 oct – 28 feb): 8:30 – 16:30 (último acceso 15:30).
- Marzo: 8:30 – 17:15 (último acceso 16:15).
- Abril – sept: 8:30 – 19:00 (último acceso 18:00).
- 1 – 24 oct: 8:30 – 18:30 (último acceso 17:30).
Ten cuenta que la taquilla cierra una hora antes del horario oficial, por lo que no podrás entrar después del «último acceso». En los meses estivales es posible que te encuentres el teatro ocupado por la escenografía de alguna representación.

Autobús lanzadera
En el yacimiento hay un autobús que cuesta 5 € y realiza una ruta continua de 20 minutos sin paradas desde la taquilla hasta Porta Marina. Por el camino se ven los principales puntos de interés y otros más difíciles de alcanzar caminando. Puedes bajarte en Porta Marina o regresar a la entrada para después recorrer el yacimiento a pie.
Consejos prácticos para la visita
Ya habrás leído que estuvimos 4 horas solo en el yacimiento. Que somos muy frikis de las piedras viejas, pero en menos de 3 horas te ves los imprescindibles y a la carrera. Y si además quieres ver el Borgo, el castillo, la necrópolis o el museo de las naves, necesitarás un día completo y acabarás con la lengua fuera.
El yacimiento es mejor visitarlo lo más temprano posible, pues está al aire libre. En verano evitarás el calor y en invierno oscurece pronto y por la tarde el horario es más reducido. Las fotos al atardecer son muy bonitas, pero ya depende de si prefieres captar el detalle o el ambiente.

Como ya te he dicho son 50 hectáreas, así que caminarás bastante y hay poca sombra. Lleva calzado cómodo, ni chanclas ni tacones. En verano gorra y en cualquier caso botella de agua que podrás rellenar dentro. Si anuncian lluvias un paraguas plegable te vendrá de lujo. Dentro del parque hay una cafetería/restaurante cerca de la entrada y otra área de picnic cerca del antiguo río. Ten en cuenta que sus horarios pueden variar y a veces ha estado cerrada por reformas.
El yacimiento es parcialmente accesible para personas con movilidad reducida con cierta asistencia. Si vas con bebe, mejor porteo que carrito.
Ostia Antica nos dejó alucinados. Pocas veces se tiene la oportunidad de caminar por una ciudad romana casi entera, con sus calles, teatros, tabernas y casas aún en pie. Sin las aglomeraciones de otros lugares más famosos, la visita se siente como un viaje íntimo al pasado, donde resulta fácil imaginar el día a día de este antiguo puerto. Ya sabes todo lo qué ver en Ostia Antica, ¿a qué estás esperando para conocer el puerto de Roma? ¡¡Hasta pronto!!

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